Camino Francés Non-Stop

25 Abr 2013 , Non hai Comentarios »

La versión de Manolo Ruda:

The fast and the furious

Después de leer la crónica de Alfonso (que con esa narrativa, si escribiera libros, el día de Sant Jordi se forraba), la mía es un poco más campechana, vamos como el rey.

Andaba dándole vueltas a como titular la crónica y que diera una idea de cómo fue la jornada vivida el sábado, cuando me vino a la cabeza la película de The fast and the furious (algo así como el rápido y el furioso), que aunque era de coches y no de bicis, andaban todo el día a mil. Nosotros no fuimos a mil, pero sí a cien todo el camino y tan sólo nos faltó echar espuma por la boca para ser el furioso.

Empezaré contando la versión de la jornada que vivimos los que salimos desde santiago el sábado por la mañana. A las siete y poco llego al punto de encuentro con el furgón, dónde nos esperaba Miki ya con bicis cargadas en la fragoneta (que parecía un trailer, ¡¡¡vaya cacharro!!!, era el comentario de los que fuimos en él), una de las bicis era del propio Miki, que esperaba que hubiera algún cadáver por el camino para vestirse de romano él también.

Cuando estuvimos todos (Guillermo, Toño, Roberto, Julio, Marcos, Arturo, otro amigo de Julio y yo) y conseguimos cargar las bicis, no sin varios intentos, emprendimos el camino hacia O Cebreiro con la idea de llegar antes de que nos cogieran los ponferradinos, que habían salido a las 7 desde ponferrada y venían quemando kilómetros muy por encima del mejor horario previsto (estilo tour de francia).

Cuando llegamos a O Cebreiro (9:35-9:40h), y abrimos la puerta de la fragoneta, entró un viruji que a algunos se nos helaron las ganas de levantarnos del asiento !!!E ÍBAMOS DE CORTO!!!

Baja bici, ajusta bici, suelta lastre, saltos y palmadas para entrar en calor, come algo, foto de recuerdo en el cruceiro (si estamos un rato más, nos cogen de doble de Jack Nicholson para hacer de joker en Batman, sonrisa congelada), le suena el teléfono a Toño y eran los ponferradinos para decirnos que ya estaban subiendo. Al colgar y comentarnos la llamada, el sentir general era: ¡¡¡DALE, DALE, QUE NOS COGEN, DALE, DALE!!! y salimos de allí a toda leche (suerte que era en bajada, o no, porque con el frío que hacía…).

Empezamos a bajar, y en una de esas bajadas que estaban todas la piedras habidas y por haber y afiladas, y que al parecer también habían enanos que las lanzaban hacia las tibias de los ciclistas, que si no habías entrado en calor, entrabas. Un poco después empieza la subida al Alto do Poio, y empieza a sobrar la ropa, pero la aguantamos un rato más. Seguimos y después de una subida que lleva a una fuente con forma de concha (abstenerse de comentarios argentinos) y que se hizo a un ritmo bastante intenso (fuera ropa), los ultracabras, Roberto y Guillermo tiraron para adelante y yo me quede esperando a Toño que se le había bloqueado el cambio (al pobre parece que le ha mirado un tuerto en temas de averías mecánicas). Una vez solucionada la avería, reanudamos el camino, a un ritmo más pausado, que no lento, y Toño (que hizo el camino como peregrino con Juan) me iba contando las batallitas del mismo allí por donde pasábamos y que lo hizo más ameno.

Al llegar a Sarria, coincidimos con Guillermo y con Miki, que aprovechando la espera, se había dado unas vueltas con la bici para sacarse el mono de encima. Después de avituallarnos, continuamos el camino Guillermo y yo, y Toño continuaba devorando medio furgón. De Sarria a Portomarín se aumentó bastante el ritmo y al llegar a Portomarín estaba el coche de Toribio para dar apoyo. Al poco rato aperecieron por allí los ponferradinos como toros en un encierro de San Fermín, parecían espartanos que iban a la batalla, sólo faltaba a Antonio (como ideador de estas rutas), en plan Leónidas gritando aquello de: “ULTREIANOS, CUAL ES NUESTRO OFICIO…….PEDALEAR, PEDALEAR, PEDALEAR”. Imponía ver a aquellos fieras llegando en grupo, a mil por hora (aquí si que iban a mil), y con la cara de Indurain, como si no hubiera pasao ná y a una media de más de 20km/h entre Ponferrada y Portomarín.

Al poco arrancamos Raúl y yo con la idea de coger unos metros de ventaja que nos sirvieran de cochón respecto a la apisonadora que venía por detrás, pero ni colchón ni leches, al poco tiempo ya teníamos encima a Diego Sotelo, Denis y a Jesús “el incombustible” Simal. Como me encontraba bien y se me olvidaron los km que aún quedaban por delante, me puse a rueda de Diego y Denis unos 5km más o menos, aprovechando que no había grandes desniveles, pero da igual que los hubiera o no, porque el ritmo que se marcaba allí parecía que si los hubiera, o al menos eso decían mis piernas y mis pulsaciones, y ese ritmo lo acabaría pagando más adelante. Decido dar paso a Simal que se pega a ellos como puede, y siempre puede, y decido seguir a mi ritmo.

Más adelante me alcanza Raúl y vamos juntos hasta Palas de Rei a un buen ritmo. Al llegar a Palas, estaba Pedro (que desde Portomarín hizo de apoyo en el furgón de Antonio) y los compañeros de O Trisquel, que estaban dando buena cuenta de un bocata en un bar, y nos animan diciendo que el grupo de Simal y cía nos llevaban 5 minutos. Al poco rato llegó Guillermo y poquito después el resto del grupo con Diego Montero, Gonzalo y Antonio.

Después de llenar el buche, estirar piernas y soltar lastre, salimos todos hacia Melide. En este tramo el ritmo aumentó y al llegar a Melide no se paró y se continuó rumbo a Arzúa. Gonzalo parecía que había quedado para algo importante, porque se puso a tirar a un ritmo endiablado, y claro, el resto no íbamos a ser menos, así que allí fuimos detrás de Gonzalo, que en su camino, casi se lleva por delante a un grupo de peregrinos.
Por el camino perdimos a los compañeros de O Trisquel que pararon a coger agua, creo. Más adelante divisamos un Ultreia, pero no adivinábamos quién era, cuando llegamos a su altura, cual fue nuestra cara de sorpresa al ver que era Antonio “hago chas y aparezco a tu lado” Toribio, que se había quedado atrás, y en plan David Copperfield lo teníamos otra vez con nosotros, ¿cómo lo haría?. Tal era el ritmo, o a mí me lo parecía, que perdí la rueda de Gonzalo y Diego Montero, y fui sólo hasta Arzúa.

Al llegar a Arzúa, rojo como una gamba, estaba Miki con cara de “¿y nadie se va a rajar para que pueda tomar el relevo?”, también estaban Alfonso, Edu, Gonzalo, Diego Montero y Raúl que llegó a la par mía. Salen todos y me quedo un rato para ver si me llegaban algo de fuerzas para retomar el camino, mientras devoro lo que había en el furgón.

Desde Arzúa a Santiago los km pasaron muy lentos y puede que estuviera pagando las alegrías anteriores, me costó volver a contactar con Edu y cía, no sin antes cruzarme con Alberto que volvía de hacer su camino y regresaba a casa.
Como dijo Alfonso, nos encontramos a Pedro, al cual le asalto el furgón (como el Dioni, pero en bici y vestido de torero). Volví a perder contacto con el resto que tiraron para adelante y yo me quedé de chachara, dile chachara dile recuperar fuerzas, con Pedro.

Cuando volví a contactar con Edu y Alfonso estábamos ya casi en el Monte do Gozo, donde estaban Gonzalo, Diego M. y Roberto intentando solventar una rotura de cadena.

Cuando estábamos a punto de llegar a la plaza del Obradoiro aparece otra vez Copperfierld Toribio, que nos da alcance y entramos todos juntos, Antonio, Edu, Alfonso, Gonzalo, Diego, Roberto y yo. Eran las 19:50h más o menos. A una media de 18km/h por mi parte y casi 20km/h los ponferradinos.

Genial día, genial compañía, genial organización y genial ruta, que al ritmo que se hizo parecía que el último pagaba las copas.

P.d.:No quisiera olvidar las palabras que dijo Edu cuando íbamos por el Monte do Gozo medio escarallaos o escarallaos del todo:”lo bueno de esto es que no aprendemos nunca, y aún no hemos acabado ésta y ya estamos pensando en la siguiente”
Cuanta sabiduría tienen esas palabras.

Un saludo a todos los ULTREIANOS!!!

Manolo.

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